Para incrementar la capacidad de mejora escolar se apuesta por un liderazgo distribuido que
posibilite el logro de metas organizacionales a través de acciones colectivas (Harris, 2004;
Hopkins, Ainscow y West, 1994). Este liderazgo promueve la mejora de la enseñanza en el
aula, ya que se basa en el apoyo, estimulación e influencia en él y del profesorado (Hallinger
y Heck, 2014). En particular, se ha detectado la importancia de estructuras que posibilitan la
colaboración entre docentes y de las redes sociales para promover el desarrollo profesional
de los docentes (Daly et al., 2010; Murillo y Krichesky, 2015). Queupil y Montecinos,
(2019).
La gestión escolar, como nuevo paradigma con el que se enfrenta la complejidad creciente
del entorno en que se desarrollan los centros educativos, se debe apoyar en un liderazgo que
esté orientado a generar compromiso de la comunidad escolar con la producción de los
cambios necesarios para mejorar el aprendizaje de los estudiantes. Gallegos y López. (2019).
Organismos como la OCDE, la UNESCO y la Unión Europea destacan la contribución del
liderazgo a la calidad de la educación, toda vez que las características sociales de esta,
demandan colaboración e interdependencia en sus distintos ámbitos de desarrollo, Corbella
(citados por Gallegos y López 2019).
En los últimos años, se ha pasado de un interés centrado en el liderazgo de la dirección a un
liderazgo de amplio espectro en donde las actuaciones se centran en la totalidad de la
comunidad educativa. Se habla así del liderazgo distribuido, de carácter compartido,
facilitador, integrador, motivador y creador (Avolio, Walumbwa, y Weber, 2009; Fernández,
2007; Ilies, Judge y Wagner, 2006; Kocolowski, 2010; Printy, Marks y Bowers, 2010)
fomentando así que el profesorado se implique en estimular un clima que facilite la
autonomía en el aprendizaje de los alumnos, lo que redundará en una mejora de los resultados
organizativos del centro educativo. Campos, A., Chaves, E. y Garzón, E. (2017).
Estudios de Harris y De Flaminis (citados por Ahumada, González, Pino y Maureira 2017 ),
Nos dice que, existen elementos centrales que diferencian el liderazgo distribuido de otro
tipo de liderazgo: en primer lugar, debe ser entendido como práctica antes que como rol o
responsabilidad; en segundo lugar, el énfasis debe estar en las interacciones más que en las
acciones; finalmente, el liderazgo distribuido no está restringido a aquellos con roles formales
dentro de las organizaciones, sino que la influencia y agencia son ampliamente compartidos
dentro de las escuelas.
La implementación de un proyecto de liderazgo distribuido permitió observar cambios en la
confianza de los docentes, se analizaron dimensiones de confianza: competencia profesional,
integridad, consideración del otro y respeto. Los resultados radican que el liderazgo
distribuido puede influir positivamente en la confianza y en la enseñanza y aprendizaje
escolar. Larraín (citado por Maureira, Garay, Ahumada y Ascencio 2019). Por otra parte,
García (2017). En un estudio señala que el liderazgo distribuido predice de manera
significativa el desempeño profesional y la satisfacción de los docentes en un proyecto de
investigación acción participativa, a diversos actores de la comunidad y la universidad, Yahui
(2018) dio cuenta de la importancia de tipo de proyectos para superar barreras de inequidad
e injusticia social, mediante la construcción de un conocimiento compartido.
Estudios de Campos, Chaves y Garzón (citados por gallegos y López 2019), encontraron que
la distribución del liderazgo se logra mediante la colaboración entre todo el personal de los
centros educativos, fomentando un clima positivo de participación, comunicación y
confianza que motiva una mejora de la organización y de la gestión a nivel académico,