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Artículo |
Ethical and moral education. On the way to social
action
Andrés Leonardo Calvo Camelo*
Jennipher
Rodríguez Torres[**]
Resumen
En
el desarrollo del presente artículo, se hace una reflexión de la educación
ética y moral a través de una trayectoria histórica que reúne varios aspectos
que dan soporte a direccionar y darle sentido a estas categorías encaminadas a
la acción social. como estrategia de gran importancia en los procesos
académicos. Para ello, se hace una revisión de la cátedra de ética y su
estrategia de enseñanza aprendizaje en la educación básica y secundaria o
incluso universidad en Colombia con relación a casos de los principios que la
identifican aplicada a nivel internacional. Sin embargo, para implementar como
estrategia educativa es necesario comprender el uso pedagógico de los elementos
que contiene los diferentes tipos de este pensamiento, Además, se ahonda en
factores como el acompañamiento al educando, que actúa como mediador entre la
enseñanza y el aprendizaje para que no se quede tan solo en la transmisión
plana de valores sino el actuar en diferentes contextos tanto socio-cultural, como en los procesos políticos y económicos, Finalmente,
se propones una reflexión sobre el tema, destacando la necesidad, las ventajas
y la comprehensión de la ética y la moral. Lo anterior, centrado
en el análisis del buen uso de esta cátedra educativa y sugerencias de cómo
implementarla en el aula.
Palabras clave:
académico,
secundario, cátedra
Abstract
In the development of this article, a reflection of
ethical and moral education is made through a historical trajectory that brings
together several aspects that support the direction and make sense of these
categories aimed at social action. as a strategy of great importance in
academic processes. For this, a review is made of the ethics chair and its
teaching-learning strategy in basic and secondary education or even university
in Colombia in relation to cases of the principles that identify it applied at
the international level. However, to implement as an educational strategy it is
necessary to understand the pedagogical use of the elements that the different
types of this thought contain.In addition, it delves
into factors such as the accompaniment of the learner, which acts as a mediator
between teaching and learning so that not only remain in the flat transmission
of values but to act in different contexts both sociocultural, as in
political and economic processes, Finally, a reflection on the subject is proposed,
highlighting the need, the advantages and the understanding of ethics and the
moral. The above, focused on the analysis of the proper use of this educational
chair and suggestions on how to implement it in the classroom.
Key
words: academic,
secondary, teacher
Siempre
hay un sentimiento de lo ajeno en cada principio moral, no es totalmente
extraño, pero se sabe que no es, estrictamente hablando, vital o esencial. Es
evidente, además, cuando cada principio corresponde a una lectura de la
realidad, con miras a estar, marcada por los prejuicios personales, el contexto
social, la situación temporal o por un sinnúmero de elementos que encuentran su
asiento en la creación de códigos, incluso, se llegan a apartar de la
naturaleza misma. Sin embargo, es necesario hacer hincapié en la necesidad de
poseer principios morales claros, estructurados y ligados al tejido social,
debido al papel que cumple es exactamente en la relación interna de este mismo.
Con
respecto a lo anteriormente dicho, es necesario aclarar que la educación es uno
de los pilares fundamentales del tejido social que se ha enunciado. En
principio, es fundamental reconocer el componente comprometido en muchos
factores, ubicándose como uno de los elementos con mayor transversalidad en
cualquier campo académico, por lo cual se ha optado por abordar la educación
moral como el principio de discusión. Frente a esto se debe plantear cuales son
los principios académicos de cada una de las asignaturas básicas de las etapas
escolares, (primaria, bachillerato o universidad,) la educación moral de los educandos
pareciera ser un campo de menor relevancia y por demás un espacio para el adoctrinamiento
total y no para el libre pensamiento.
Por lo
tanto, las cátedras de ética, las cuales se comprometen a fomentar el
pensamiento crítico dentro de las escuelas y/o universidades poseen diferentes
problemáticas, entre ellas, aquellos lineamientos curriculares donde pueden tender a limitar la cátedra, donde
los centros privados – y muchos públicos – tienden a censurar las enseñanzas
donde se incite a ir “en contra” de la filosofía de su institución Por otra
parte, las condiciones culturales adquiridas – por lo menos en Colombia y en gran parte de
Latinoamérica - ponen un freno de mano a
los cambios culturales con el fin de implementar la transformación de las
cátedras, orientadas principalmente a la responsabilidad social, al pensamiento
crítico y a la autonomía como bandera del quehacer humano.
Es
importante resaltar, esos espacios formativos enunciados con anterioridad son
limitados, con constancia, a la impartición de contenidos estáticos, así como
las cátedras de ética (profesional o no) están reducidas a la enseñanza de
valores, Además incrementa la pérdida del dinamismo social donde exige la
transformación constante de los principios morales, por lo cual es fácil
denotar, en un primer momento. Es más, se puede calificar como prejuicioso, que
dicha enseñanza de valores y de filosofías conservadoras, encuentra su amparo
de manera exclusiva en la tradición, lo cual permite entrever el problema se radica
en la univocidad de los principios.
De tal
manera se está buscando impartir, la significancia tengan, de entrada, la invalidez
para mediar las relaciones de este tejido social, sin embargo si pueden ser
sujetos a revisión y ser susceptibles de cambio.
Por lo
tanto, se propone analizar el problema en dos momentos fundamentales, los
cuales parten de un análisis de la situación actual de la educación en
Colombia, tanto privada como pública, es
decir, nace de la experiencia de la comunidad educativa, de la experiencia
docente y de los lineamientos otorgados por el ministerio de educación en el
campo de las ciencias humanas, centrando el discurso en la educación básica (6°
- 9°) y media vocacional (10° - 11° - 12° [en algunos casos]) de manera
generalizada. Posteriormente se continúa por una explicación de la alternativa
ética, el cual, busca enunciar y proponer en el presente estudio. Para
finalizar con la argumentación de la necesidad cultural de transformar las
cátedras con la implementación de nuevos métodos, estrategias y perspectivas para
después permitir una verdadera educación moral.
Ahora
bien, es necesario aclarar que, para no realizar un texto demasiado denso se
propone la discusión en torno al estudio y enseñanza de la ética en estos
espacios, dado que se considera como base fundamental para aquel estudiante con
la motivación de acceder de educación superior y, por ende, a las posibilidades
de acción social, de transformación de su entorno o de la replicación de los
modelos ya establecidos.
El
apartado anterior, se ha iniciado con una sentencia poco ortodoxa sobre la
extrañeza de los principios morales, sin embargo, es importante poner en
consideración que dicha singularidad, acerca de esos principios puede tener
parte de su fundamento en la manera de direccionar los procesos de enseñanza-
aprendizaje, los contenidos que se están impartiendo y en el criterio bajo el
cual adquieren su legitimidad, en las relaciones que se dan en el tejido
social. Entonces, para empezar, es necesario desmontar el mito correspondiente en la enseñanza de la
ética es algo menor tanto en los estudiantes, como en los docentes y padres de
familia, esencialmente porque la tradición moral no hace parte de un ejercicio
académico sino de un hecho estrictamente cultural.
Dado lo
anterior, es necesario reconocer los principios morales como enseñanza, este es
un campo que debe corresponder a la familia y al círculo vital que posee cada
individuo, en consecuencia, con el asilo que poseen dichos principios en la
tradición de un pueblo, con inevitables marcas religiosas, políticas,
económicas, no por falta de importancia, sino por no ser el objeto mismo del
estudio que compete al presente escrito. Sin embargo es decepcionante encontrar
una realidad que se estrella de frente con una enseñanza de la ética que suple
el papel de la sociedad y principalmente de la familia, pareciese – y es
necesario aclarar el juicio generado no
compromete el quehacer de todos los docentes y, mucho menos de todos los padres
de familia – donde delegan a las
instituciones educativas un adoctrinamiento en temas morales, cuando el fin de
la academia, con respecto a estos y todos los demás contenidos, corresponde al
fomento activo del pensamiento crítico, a la estructuración del entendimiento
y, aún más a la formación de personas capaces de dar razón de los problemas que
posee su propia cultura. De aquí pues que no sea algo menor la enseñanza de la
ética y, mucho menos, el papel del educador en medio de una sociedad que se
evidencia fragmentada por fallas en ese tipo de transmisión de principios
morales. Si la educación no está cumpliendo su función se deben encontrar las
fallas en ese sistema, porque el tejido social no está siendo reflejo de una
niñez y juventud educada.
En el
caso colombiano, el Ministerio de Educación Nacional (MEN) otorga unos
lineamientos curriculares sobre los cuales se deberían asentar las cátedras de
las diferentes asignaturas para la educación preescolar, básica primaria (1°-
5°), básica secundaria (6°- 9°) y media vocacional (10° - 11° - y como se ha
expresado, 12° en algunos casos), para el campo de “Ética y valores” se
encuentra un texto con altísima densidad que data de final de los años 90. No
corresponde en este momento establecer un juicio de valor – o varios – al
respecto del contenido que estos lineamientos puedan poseer, sin embargo se
propone realizar un paralelo entre lo
propuesto por el MEN y lo impartido en la aulas de clase, teniendo en
cuenta el documento posee apartados bastante concretos con respecto al “deber
ser” de la educación y a la finalidad de la educación moral de la población
colombiana.
Ante
cualquier entorno social “la educación ética y moral debe precisar con mayor
honestidad cuál es su verdadero alcance y cuáles sus limitaciones”
o cual
permite abordar el tema con mayor seriedad, donde se evidencia el Ministerio de
Educación comprender el papel a desempeñar era de alta relevancia, aún más si
se tenía en cuenta la situación social y de orden público por la que atravesaba
el país en la década de los 90s. Ante esta primera aseveración, el MEN es claro
al decir, la educación ética y moral es un factor fundamental en la
construcción de una sociedad justa y estable, y por demás, reconoce “Es deber
de la educación ser parte de esta labor, ocupando el lugar que le corresponde
como disciplina específica abierta a todas las corrientes del conocimiento”
El MEN
parte de un elemento fundamental que es el aprehender la educación como un acto
ético en su propia naturaleza
Además de
dichas características, se reconoce de manera contundente las discusiones de
tipo filosófico no comprometen de manera exclusiva la educación ética y moral
de la sociedad, antes bien, es una herramienta que complementa todos los
elementos que componen un estudio tan profundo: “No sólo nos movemos en el seno
de grandes tradiciones del pensamiento filosófico y político de orden
universal; también, entran en juego nuestras propias tradiciones, nuestros
propios imaginarios colectivos y en general, la accidentada construcción de
nuestras nacionalidades.”
Es
necesario, como se ha mostrado hasta ahora, la importancia de los centros educativos a la hora
de cultivar un pensamiento orientado a la discusión de los elementos
estructurales, cotidianos y, en algunos casos, – parecieran – irrelevantes para grandes grupos
sociales, pues es allí, en donde verdaderamente se encuentra el asidero de las
grandes problemáticas que aquejan a la sociedad contemporánea. Sin embargo, la
realidad puede llegar a ser bastante decepcionante con respecto a lo mencionado
hasta este punto, debido a que los lineamientos planteados, si bien presentan
un panorama óptimo – algo idílico – para la estructuración curricular en los
centros educativos al respecto de la educación ética y moral, es necesario
recurrir a la experiencia de aula para dejar por sentado que las cátedras
docentes poseen dos elementos, ya mencionados con anterioridad, que truncan un
óptimo desarrollo de la educación.
Así pues,
se ha de mencionar la actitud del estudiante frente a la cátedra de ética
dentro de un centro educativo, debido a este espacio formativo, en la mayoría
de los casos se reduce a la impartición de contenidos ya dichos, tienen
características de tipo dogmático y se centran en la transmisión plana de
valores o formas de actuar en diferentes contextos. Es evidente, en un primer
momento este tipo de metodologías o pedagogías – si se quiere – son chocantes
con el papel crítico de un estudiante que posee un acceso a la información
prácticamente ilimitado en la época de la tecnología. Para empezar, el
estudiante sabe que puede encontrar dicha información en un portal de internet
sin necesidad de mayor esfuerzo para responder en futuras evaluaciones, buscando
así responder con las notas – que es lo que al final adquiere mayor importancia
–, memorizan los contenidos por un par de días y luego simplemente los olvidan.
Si bien esta actitud no corresponde a un 100% de la población estudiantil es
necesario ser sensatos al momento de evaluar que la educación ética y moral no
tiene la misma relevancia que muchas otras asignaturas. Hasta este momento no
se trata de aprender, consiste en una educación basada en la memoria y en la
repetición.
Lo inmediatamente
anterior, responde a algunas visiones pedagógicas que, al respecto, pueden
brindar bastantes luces para entender el tema a mayor profundidad, aún más
cuando hablar de ética y moral se convierte en un tema espinoso y marcado por
diferentes prejuicios socio-culturales e incluso
académicos. De estas posturas pedagógicas, se retomará el estudio realizado por
Paulo Freire (19/09/1921 - 02/05/1997) el cual, posee diversos elementos
críticos para entender el fenómeno social de la educación.
La educación,
en una concepción “bancaria”, responde a diversos elementos estudiados por el
pedagogo brasilero que componen la educación como un fenómeno social. Freire no
se dedica el estudio mismo de la enseñanza de la ética y la moral, pero aborda
la educación en su conjunto como una práctica que es fundamental en cualquier
tipo de sociedad. Así pues, y teniendo en cuenta que la educación es, en su
conjunto, un acto moral, es necesario entender que la finalidad de la misma se ve modificada por las formas en las que se
desarrolla, con diferentes matices y con marcadas intencionalidades sociales.
Freire
resalta la educación “bancaria” se ve
marcado unos roles claros a cumplir por
parte de los actores, de esta manera “el educador aparece como su agente
indiscutible, como su sujeto real, cuya tarea indeclinable es “llenar” a los
educandos con los contenidos de su narración,”
Asimismo,
el estudiante, en cualquier proceso educativo, necesita del acompañamiento del
docente quien podrá cumplir muchos papeles, sin embargo es necesario superar
esta visión unidireccional en donde “la palabra se vacía de la dimensión concreta
que debería poseer y se transforma en una palabra hueca, en verbalismo alienado
y alienante.”
La
educación ética y moral necesita, tal y como se ha mencionado con anterioridad,
una interacción profunda con el medio, no se puede desconocer que los
principios y valores están atados de forma inseparable con el contexto socio-cultural, con los procesos políticos y económicos, si
esta se reduce a la estricta enseñanza de un código moral estático y con una
alta carga de dogmatismo, se empieza por perder la alta relevancia de tener
como agente de dinamismo del tejido social. Cuando la educación se convierte en
una plana transmisión de conocimiento y la narración o la “cátedra tradicional”
adquiere un papel de mayor – y en algunos casos, única – relevancia se “conduce
a los educandos a la memorización mecánica del contenido narrado.”
Es
evidente que dentro de una educación concebida como “bancaria” el primer riesgo
de fracaso se encuentra en el estudiante, esto debido a que el ejercicio de la
narración y de la memoria se convierten en acciones rutinarias y tediosas,
“cuanto más se ejerciten los educandos en el archivo de los depósitos que les
son hechos, tanto menos desarrollarán en sí la conciencia crítica de la que
resultaría su inserción en el mundo, como transformadores de él.”
Y en un
lugar posterior, pero no menos importante, la gran afectada con una educación
de este tipo corresponde a la sociedad, dado que es allí donde se materializan
todas estas fallas enunciadas en los párrafos anteriores, no se trata de manera
exclusiva en señalar a todos los docentes y al sistema en general como actores adrede de este tipo de pedagogías, sin
embargo se evidencia que la sociedad contemporánea no posee un avance
significativo en materia de educación, mucho menos en temas éticos y morales.
La educación ética y moral responde a necesidades expresas del tejido social,
lo que hace que exista una exigencia profunda en la aplicación de buenas
metodologías para que su estudio sea fructífero, que pueda generar individuos
comprometidos con su entorno socio-cultural, económico-político y material,
generando cambios sustanciales en las formas en las que se entienden las
diferentes generaciones que conviven en lugares de alta densidad demográfica,
con una alta dependencia de experiencias sociales.
Es
necesario hacer notar que la educación en valores de las generaciones
comprendidas entre los años 90s al presente no ha surtido efectos contundentes
en una transformación positiva de la cultura nacional. Con gran pesadez se
evidencian currículos repletos de valores y principios que son aprendidos de
memoria e, incluso, puestos en práctica por los estudiantes, sus familias y
círculos sociales; sin embargo, no se evidencia que la sociedad haya aprendido
a transformar esquemas sociales y culturales que generan indignidad,
injusticia, indigencia y falta de formación en un sentido de vida propio y
colectivo que sirva como faro para las generaciones venideras. Con gran desilusión
es fácil encontrar expresiones de cansancio en docentes y padres de familia que
saben que la sociedad actual, a pesar de tener acceso a toda la información, a
pesar de tener una comunicación instantánea, no posee capacidades expresas para
transformar su entorno vital. ¿Por qué si sus valores los conocen de memoria?
Si hay una conciencia colectiva en principios éticos aprendidos ¿Por qué las
actitudes refieren a una ausencia de principios, normas y leyes?
Se
considera que el principio de la problemática radica en que lo que se enseña
sirve, pero no es un elemento suficiente. En realidad es apenas un punto de
partida para la creación de espacios reales de conciencia, de libertad y, sobre
todo, de responsabilidad propia y colectiva, por lo cual a continuación se
abordará una propuesta estructurada y en concordancia con lo propuesto por el
MEN que permite que se avance en materia de exigencia y de estudio de la ética
y la moral sin necesidad de caer en el adoctrinamiento para que la educación
cumpla su función sin la necesidad de ir en contra de los principios enseñados
en casa, dado que la educación formal no tiene por qué censurar la educación
familiar.
Partiendo
del primer elemento expuesto en el párrafo anterior es necesario dejar por
sentado que no se trata de anular la enseñanza de valores y principios morales,
sin embargo, dicha enseñanza debe poseer diferentes elementos que la
complementen, para lo cual es necesario abordar diferentes posturas filosóficas
que sustentan que el estudio en este campo compromete muchos más elementos y
trasciende la misma cultura, donde se encuentra inmersa. Por lo tanto, es
necesario abandonar el dogmatismo de la tradición para trabajar la educación
ética y moral puedan adquirir un sentido que posea mayor profundidad y permita
tocar aspectos vitales del estudiantado, del docente y del contexto en el que
se desarrolla el fenómeno educativo, solamente allí se encontrará un verdadero
asidero para una formación con sentido.
Para
poder implementar un conjunto de elementos complementarios en la educación
ética y moral de la niñez y la juventud de un país es necesario, en primer
lugar, plantear el tipo de educación que se debe incorporar y, si se tiene en
cuenta que “la finalidad última tiene que ser la de garantizar mayores niveles
de pensamiento, afecto y acción”
Debido a
esto, la educación debe ser, en consecuencia, con lo anterior, un proceso que
le permita al estudiante abordar su propia realidad y la de su contexto –
ejercicio que se realiza en una división meramente abstracta – para poder
brindar respuestas que aporten a la construcción de una sociedad en desarrollo:
Los propósitos
no pueden provenir de la voluntad y el deseo del joven y mucho menos de las
motivaciones infantiles, circunstanciales y altamente variables; como quisieran
los enfoques autoestructurantes; sin embargo, tampoco
pueden ser elegidos sin tener en cuenta las condiciones culturales, sociales,
individuales y contextuales, como harían docentes bajo un enfoque heteroestructurante. Al fin de cuentas para desarrollar hay
que partir del lugar al que llegó el niño y enfocar la acción educativa un poco
adelante de él…
Teniendo
en cuenta lo anterior, es evidente laa existencia de un gran choque
entre la forma que posee la educación, el fondo de la misma y la autopercepción
frente al fenómeno educativo y cada uno
de sus agentes y finalidad en esta dinámica, esencialmente por una
cuestión de sentido social mas no de estructuración curricular y “papeleos”
administrativos. Del mismo modo, los contenidos, en muchos de los casos, no
necesitan una variación en cuanto a contenidos, pero es evidente en la
pedagogía utilizada se necesitan muchos avances que permitan estructurar la
educación como hecho que involucre el pensamiento, la autonomía y la libertad
de cada estudiante y docente, y no se reduzca al cumplimiento lineal de una
malla curricular:
Mientras
uno no sepa por qué menos por menos da más, no hay una apropiación del proceso
que conduce a dicho resultado, lo cual demuestra que también las matemáticas
pueden ser un dogma, al igual la religión o la historia sagrada.
… y por
ello se propone que los centros educativos, sin hacer una distinción entre
centros públicos y privados, implementen modelos innovadores dado que la
responsabilidad del fenómeno educativo no cambia cuando se cae – vilmente, – es
considerar que la diferencia en la financiación de los diferentes centros
reduce la responsabilidad de su actuar social. Es indiscutible que la educación
debe poseer una misma finalidad independientemente de su apropiación económica,
no es un alegato que deba entrar en discusión al momento de hablar de la
educación ética y moral de la juventud de un territorio – sea el que fuere –
dado que la incidencia en los procesos sociales es lo que se estará jugando.
El
adoctrinamiento escolar – en ámbitos públicos o privados – es propio de la
estructuración de gobiernos fascistas en la historia más cercana de la
humanidad, los principios morales han llegado a ceder históricamente a los
intereses de grupos sociales que se niegan a aceptar factores de cambio
relevantes en una sociedad convulsionada por la transformación como lo es la
contemporánea, de los cual nace el dogmatismo, el cual trasciende diversos
círculos sociales y termina truncando los procesos de cohesión social, factores
utilizados por muchos actores políticos, de todas las orillas ideológicas, para
cimentar una cultura – que debería construir la educación – basada en el odio y
en el irrespeto a las diferencias conceptuales y de cosmovisión con una realidad
avasalladora, donde se deben enfrentar con entereza, integración y, por sobre
todo, capacidad de entendimiento por la diferencia.
Así pues,
es necesario abordar un propuesta ética y moral, para trascender la educación, como
la simple y llana instrucción en valores para la conducta social basada en la
aceptación y las buenas costumbres, esperando con esto dotar a la juventud de
capacidades críticas para entrelazar su realidad histórica con su realidad
actual, que logre establecer juicios argumentados al respecto de las costumbres
y de las propias decisiones para lograr encontrar principios variados o
ratificar aquellos que le aporten un crecimiento personal y social. Por esta
razón es necesario iniciar con una sentencia fundamental que consiste en no
arrojar a la basura todos los elementos que hasta ahora se tienen en la
enseñanza de la ética, dado que no se pretende empezar de cero, esto último
implicaría desconocer toda la realidad humana, por lo cual es necesario partir
del conocimiento de la propia tradición y de las enseñanzas que son replicadas
a la sociedad en forma de moral y leyes carentes de discusión. Para lo que se
ha mencionado se pretende utilizar una metodología expuesta por Estanislao
Zuleta quien, retomando a Kant, dice:
las
exigencias racionales (…). La primera, pensar
por sí mismo, es decir, la exigencia de renunciar a una mentalidad pasiva
que recibe sus verdades o simplemente las acepta de alguna autoridad; de alguna
tradición, de algún prejuicio, sin someterlas a su propia elaboración; la
segunda, ser capaz de ponerse en el
punto de vista del otro, es decir, mantener por una parte el propio punto
de vista pero ser capaz, por otra parte, de entrar en diálogo con los otros
puntos de vista, en la perspectiva de llevar cada uno hasta sus últimas
consecuencias, para ver en qué medida son coherentes consigo mismos; y la
tercera, es llevar las verdades, ya
conquistadas, hasta sus últimas consecuencias, es decir, si los resultados
de nuestra investigación nos conducen a la conclusión de que estamos
equivocados, lo aceptemos.
Una
educación, pero principalmente un modelo pedagógico basado en un principio como
el descrito anteriormente posee, de entrada, una base moral, es una actitud que
parte de la base del reconocimiento propio y del reconocimiento del colectivo donde
se encuentra inmerso cada uno de los sujetos, esa relación es estrictamente
moral, por ende, es uno de los puntos de partida que se debe tomar.
·
Hacia un
replanteamiento de la tradición y su integración con al relacionalidad:
Hablar de
tradición en los campos de la educación implica el conocimiento de la historia
misma bajo la que se comprende la estructuración del sistema educativo que se
pretende conocer. Así pues, luego de abordar el componente histórico es posible
abordar los principios morales desde su estructura filosófica y develar la
importancia de la puesta en escena en el sistema educativo actual como
respuesta a las consideraciones históricas.
Para poder realizar esto es necesario remontarse al año 1886 y su
contexto histórico, de tal manera se reconozca el período de la “regeneración” en
Colombia siendo este el inicio de una etapa de grandes conflictos internos
presidido por la “hegemonía conservadora” y una cruenta guerra civil.
De una
forma muy somera, se puede afirmar el período de la regeneración y la
constitución de 1886 los cuales nacen como respuesta al gobierno de los
liberales radicales de ese momento, donde se mostraban con grandes debilidades
estructurales y un Estado incapaz de solventar las necesidades de la población.
Frente a esta serie de problemáticas se fueron presentando opciones de centro,
en cabeza de Rafael Núñez, donde tomaron gran fuerza en el panorama político
con diferentes enfoques encabezados por la propuesta de la recristianización de
la sociedad, estableciendo un Estado de Concordato a través del cual le
“permite a la Iglesia Católica abolir la ley de bienes de manos muertas y le
reconoce privilegios tributarios, la jurisdicción eclesiástica, y sobre todo le
otorga el control y monopolio de la enseñanza primaria y secundaria.”
Centrando
pues, la discusión en el tema que es de importancia a esta reflexión,
es necesario hacer notar que no solamente se adquiere la facultad de impartir
educación, sino que además de esto:
“la
Iglesia adquiere [entonces] la facultad legal de escoger los libros de religión
y de moral cristiana para todos los niveles de enseñanza, al igual que la
facultad de suspender y denunciar ante las autoridades a todos los instructores
o maestros que no respeten la doctrina católica durante la realización de sus
cursos de enseñanza”
de lo
cual se desprenden una serie de problemas enunciados con anterioridad como la
libertad de cátedra, la libertad de pensamiento, entre otras muchas, consideradas
al día de hoy, como atropellos al papel del ciudadano,
pero evidentemente son principios heredados por las decisiones políticas acogidas,
aún más cuando este tipo de decisiones han tenido una vigencia tan extrema, que
en el caso colombiano llega a los 105 años de duración con una formación
estrictamente adoctrinante.
En relación a lo expuesto, es notorio hasta este momento, la educación ética y moral
en Colombia está orientada a la formación cristiana de la sociedad se enmarca
en un proyecto político dirigido a la cohesión social o a la homogeneización
del pensamiento del colombiano, aún más si se tiene en cuenta donde se niega la
posibilidad a la profesión de credos diferentes al católico y, como es
evidente, se condena moralmente el ateísmo y sus derivados. En otras palabras,
en la práctica, se convierte en un estado absolutista de carácter
cristiano-católico, orientado por el ejercicio de la política como ente supremo
que encabeza al Estado y organizado bajo los principios morales del
cristianismo como conductas probas para el ciudadano, es así que
“el objetivo esencial del sistema educativo (…), es la formación cristiana de
los estudiantes, basada en principios como el amor a la religión, la patria y
la familia.”
Es claro,
derivado de lo anterior, que la educación ética y moral que se enmarca en la
enseñanza según la tradición está orientada por principios de tipo
cristiano-católico en el caso colombiano, o en algunos casos son enseñanzas
derivadas de este tipo de principios, lo que puede corresponder a instituciones
de tipo confesional e instituciones públicas – oficiales – que estén orientadas
por comunidades religiosas, o de orden laica que opten por este tipo de
formación.
A pesar
de lo asegurado con anterioridad – y que no debe perder vigencia en ningún
momento – resulta importante hacer notar que el MEN comprende que la tradición
no se enmarca de manera exclusiva en la historia colombiana y, por ende, en los
principios que se mencionan con anterioridad. De hecho, otorga una alta
relevancia a la tradición filosófica dentro de la cual se enmarca la ética como
una disciplina que se desprende del raciocinio humano:
Los
Lineamientos Curriculares del Área de Ética y Valores Humanos deben partir de
una comprensión, en el terreno filosófico, de la naturaleza de la discusión en
torno al problema de la ética, la moral y la política, desde la cual se pueda
fundamentar una propuesta de formación en valores.
De este
punto se pueden desprender diferentes discusiones en torno a lo ético y moral
es preciso analizar. En primer lugar, es pertinente destacar el papel – y
obligación – el contenido de asumir los sucesos políticos y culturales que
suceden en su entorno para estudiarlos y permitir transformar las situaciones
negativas que se puedan hallar. Esta es la primera labor moral que se debe
introducir en la enseñanza en su totalidad, así como inmediatamente se hace
primordial en las asignaturas que lleven una instrucción ética y moral, las
cuales corresponden a “Ética y Valores Humanos, Filosofía, Ciencias Políticas y
Económicas, Ciencias Sociales, Historia” y las que se puedan pasar por alto. Es
importante que la labor moral, en este caso, no esté manchada por principios de
orden político, sino que guarde imparcialidad frente a la realidad política, de
esta manera se garantiza el pensamiento crítico en torno a los sistemas de
gobierno y de organización nacional e internacional a los que se enfrenta. Esta
situación, de una manera penosa, se ha de reconocer como una falencia
estructural fuerte en el sistema de educación colombiano. Situación que se ve
reflejada fuertemente en el bipartidismo cultural en el que se encuentra el
país y gran parte del mundo.
Si no
existe una formación moral en torno a la historia política del país, resulta
difícil poseer elementos de juicio sanos para abordar los problemas y desafíos
éticos que se presentan en la sociedad actual y en todas sus dinámicas
político-culturales. Pero además de esto se debe repensar la tradición del
pensamiento ético y moral desde su nacimiento como inquietud del pensamiento,
por lo cual las cátedras de ética tienen que orientarse por el conocimiento de
los principios morales que orientaron la sociedad y su evolución, dado que esta
tradición es la fundamentación de los sistemas morales que se poseen en la
actualidad. Desde el pensamiento griego (cuna del pensamiento occidental),
pasando por la mezcla con la tradición judeo-cristiana.
El decaimiento de la hegemonía cultural del catolicismo y el ascenso de los
sistemas políticos modernos. La influencia de las reflexiones protestantes en
la estructuración del republicanismo francés y sus derivados. La incidencia de
la revolución industrial en el cambio de concepción del tiempo, la
implementación de jornadas laborales a lo largo de las 24 horas. El ascenso de
los totalitarismos del siglo XX y las consecuencias morales y políticas que
generó el estallido de dos guerras mundiales en menos de 50 años.
Todos
estos elementos son de una relevancia absoluta si se desea abordar con
objetividad los problemas éticos de la humanidad hasta el día de hoy. Además de
esto, es importante resaltar que la enseñanza en la tradición comprende también
el reconocimiento de la diferencia y de todos aquellos aspectos que han sido un
símbolo de rebeldía para la humanidad, dado que todo ello es lo que se ha
traducido en la concepción de una frágil estabilidad social actual.
De lo
anterior se deriva una serie de consignas de alta relevancias, como el
comprender que la enseñanza de la ética y la moral, entendida desde la
tradición, no se centra en los principios
transmitidos por generaciones, o en las costumbres características de una cultura en específico, teniendo en cuenta
la parte estructural del discurso académico, donde se debe abordar elementos que
comprometan la relacionalidad humana, porque es allí
en dónde cumple su función el principio moral y las actitudes éticas derivadas
de ella. Ante esta realidad, el principio debe nacer de una reflexión proveniente
del conocimiento propio, lanzarse como un imperativo hacia la sociedad y
estructurarse a través del tiempo como normal moral, tal y como lo indica Kant.
El asidero del problema radica en que:
“Nosotros
los que conocemos somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos
desconocidos para nosotros mismos: esto tiene un buen fundamento. No nos hemos
buscado nunca, - ¿cómo iba a suceder que un día nos encontrásemos? Con razón se
ha dicho: <<Donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón>>”
Por lo
tanto, se podría establecer una gran serie de discusiones en torno a los
horizontes éticos que se han gestado a lo largo de la historia, cada uno con su
respectivo fundamento, sin embargo, se comprende que, si una educación ética
está basada en principios de relacionalidad y de
reconocimiento comunitario, parte del encuentro moral consigo mismo. Pero es
evidente que no se puede entender una educación ética y moral que no se
comprometa con la acción social. Para la apropiación y
construcción de saberes en los educandos competentes para sociedad que hacen
parte.
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Zipaquirá – Colombia ORCID.
https://orcid.org/0000-0001-7279-5891
EMAIL. Landres5612@gmail.com
[**] P.hD Corporación Universitaria Uniminuto CRZ
Zipaquirá – Colombia. ORCID https://orcid.org/0000-0001-6746-7164.
Email. jennipher.rtorres@uniminuto.edu.co