La lectura como un
proceso formador de ciudadanos: algunas apreciaciones según Andrés Bello
Reading process as a
formator of citizens: some
appreciations as Andres Bello
Jesús Morales
Universidad de Los Andes
jesusm100386@gmail.com/jmoralescarrero@yahoo.com
RESUMEN
La obra de Andrés Bello como representativo
educador de generaciones, se ha caracterizado por poseer una vigencia y
permanencia especial para el desarrollo y comprensión del pensamiento educativo
en general y, en especial, en todo aquello que representa el proceso de
formación de un ciudadano dotado de una serie de capacidades que le permitieran
actuar patrióticamente y bajo la responsabilidad y autonomía, como exigencias
para responder a las demandas sociales de su época. Todo ello llevado al plano
actual, pretende demostrar que la obra de Bello viene a posicionar que las
funciones propias de todo sistema educativo y de las nuevas tendencias de la
alfabetización académica, pretenden formar ciudadanos con un pensamiento
crítico y reflexivo como condiciones fundamentales para actuar coherentemente
dentro de escenarios democráticos, aspectos en los que se refleja claramente la
correspondencia de los aportes de Bello con las exigencias de la lectura
académica como una nueva manera de enfrentarse al mundo educativo y social con
la puesta en marcha de habilidades creativas, con un espíritu crítico, nuevos
conocimientos e ideas, así como con las posibilidades de juzgar su acción y la
de terceros.
Palabras clave: lectura,
educación, ciudadanía, autonomía educativa, responsabilidad.
ABSTRAC
The work of Andres Bello, as a representative educator of generations, has been characterized by having a special validity and permanency to the development and understanding of educational thought in general and, especially, in all that represents the process of forming a citizen endowed with a number of capabilities that enable him to act patriotically under the responsibility and autonomy, as exigencies to meet the social demands of his time. All this carried to the current plane, intends to demonstrate that the work of Bello comes to position that the functions of any education system and new trends in academic literacy also intend to form citizens with a critical and reflective thinking as fundamental conditions to act coherently within democratic scenarios, aspects that clearly reflects the correspondence of the contributions of Bello with the exigencies of the academic reading as a new way to face the educational and social world with the launching of creative skills, with a critical spirit, new knowledge and ideas, as well as the possibilities to judge their actions and from third parties.
Key words: reading,
education, citizenship, autonomy educational, responsibility
INTRODUCCIÓN
Andrés Bello ha sido visto históricamente como uno
de los principales promotores de valores encausados hacia la libertad de
pensamiento a nivel de Hispanoamérica, pues sus planteamientos y concepciones
han sido consideradas como iniciativas cuya contribución puede categorizarse
bajo la consigna del querer romper con los esquemas de dominación, ello debido
a que en su seno se agruparon las más diversas visiones sobre la necesidad de
aprender a pensar por nosotros mismos, sin someternos a modelos y diseños
impuestos que implícitamente intentaban ejercer los más amplios deseos de
subyugación. En este sentido, su propuesta de emancipación estuvo centrada en
la formación de un pensador capaz de generar discusiones, de ilustrarse su
propia realidad, de rebelarse contra las imposiciones y, además, de conseguir
la aplicación del conocimiento a su entorno inmediato como punto de partida
para generar transformación en todos los espacios ávidos de participación
(Lovera Desola, 1994).
De esta manera, la iniciativa de Bello de propiciar
la necesaria comprensión de la historia patria y de la modernidad, lo
posicionaron como un educador con una extensa vigencia y proyección futurista,
aspectos que se pueden ser evidenciados con prontitud y franqueza en gran parte
de sus postulados, en los que consiguió unificar y poner en orden el
conocimiento de su época al inclinar sus esfuerzos en recoger el mundo del
pensamiento de propio de su tiempo, con una dedicación especial y sin perder de
vista el carácter iluminador, características que lo han hecho atravesar cada
momento histórico como un referente de consulta obligatoria, que avizora la
comprensión multidimensional bajo la cual se mueve la dinámica de nuestro
continente (Murillo, 1986).
Partiendo de estas premisas, con la presente
disertación se pretende como objetivo fundamental el realizar una revisión de
los principales postulados teóricos contenidos en la obra de Andrés Bello y sus
aportes a las nuevas tendencias de la lectura académica como una actividad que
permite la formación de ciudadanos, para lo cual se acude a algunos referentes
actuales que sirven de sostén para demostrar la vigencia de un pensamiento cuya
congruencia y actualidad responden a las recientes visiones que se tienen de la
lectura como un proceso transformador de la vida social. En apoyo a este
planteamiento afirmación se afirma que sus aportes responden a una serie de
exigencias que consiguen posicionar su obra bajo el cobijo de las siguientes
cualidades “profundidad en el pensamiento, análisis crítico, serenidad,
honradez, precisión, amor a las realidades y odio a lo abstracto; por su
sencillez, la claridad en la expresión y preocupación por la síntesis” (Ocampo,
2009, p.4).
DISERTACIÓN TEMÁTICA
Andrés Bello ha sido asumido históricamente como
uno de los promotores de la libertad de pensamiento a nivel de Hispanoamérica,
pues sus ideas han sido consideradas como iniciativas cuya contribución puede
categorizarse bajo la consigna del querer romper con los esquemas de
dominación, en cuyo seno se agruparon las más diversas visiones sobre la
necesidad de aprender a pensar por nosotros mismos, sin someternos a modelos y
diseños impuestos que implícitamente intentaban ejercían los más amplios deseos
de subyugación. En este sentido, su propuesta de emancipación estuvo centrada
en la formación de un pensador capaz de generar discusiones, de ilustrarse su
propia realidad, de rebelarse contra las imposiciones y, además, de conseguir la
aplicación del conocimiento a su entorno inmediato como punto de partida para generar
transformación en todos los espacios ávidos de participación (Lovera Desola, 1994).
De esta manera, la iniciativa de Bello en propiciar
la necesaria comprensión de la historia patria y de la modernidad, lo
posicionaron como un educador con una extensa vigencia y proyección futurista,
aspectos que se pueden evidenciados con prontitud y franqueza en gran parte de
sus postulados, en los que consiguió unificar y poner en orden el conocimiento
de su época al inclinar sus esfuerzos en recoger el mundo del pensamiento de
propio de su tiempo, con una dedicación especial y sin perder de vista el carácter
iluminador, características que lo han hecho atravesar cada momento histórico
como un referente de consulta obligatoria, que avizora la comprensión
multidimensional bajo la cual se mueve la dinámica de nuestro continente
(Murillo, 1986).
En función de estas premisas, con la presente
disertación se pretende como objetivo fundamental el realizar una revisión de
los principales postulados teóricos contenidos en la obra de Andrés Bello y sus
aportes las nuevas tendencias de la lectura académica como una actividad que
permite la formación de ciudadanos, para lo cual se acude a algunos referentes actuales
que sirven de sostén para demostrar la vigencia de un pensamiento cuya congruencia
y actualidad responden a las recientes visiones que se tienen de la lectura
como un proceso transformador de la vida social. En atención a ello algunas
posturas coincide en decir que sus aportes responden a una serie de exigencias
que consiguen posicionar su obra bajo el cobijo de las siguientes cualidades “profundidad
en el pensamiento, análisis crítico, serenidad, honradez, precisión, amor a las
realidades y odio a lo abstracto; por su sencillez, la claridad en la expresión
y preocupación por la síntesis” (Ocampo, 2009, p.4).
Al respecto y desde una óptica plenamente
sociocultural como la tendencia más actual y mayormente aceptada de la lectura,
coinciden con Bello al proponer que todo este proceso en que el mundo se
encuentra inmerso, amerita de un ciudadano revestido de competencias que lo
ayuden a asumir más que nunca una postura responsable, y dice de ese nuevo
lector-ciudadano que “debe tener la sensibilidad lingüística suficiente,
conocimientos idiomáticos, capacidad de atención y análisis, para poder
comprender su propia realidad” (Cassany, 2004, p.4). Todo ello implica entre
otras cosas que, el saber leer como condición fundamental en la formación
integral del hombre, tiene como propósito el desarrollar habilidades críticas y
reflexivas, y en tal sentido, capacidades procesar la información que le llega
como supuestas verdades absolutas e irrefutables, para lo cual se cree
perentorio el poner en marcha su arsenal de cognitivo que le permitan dilucidar
aparentes verdades e incongruencias escondidas tras discursos que se le
muestran como ciertos (Lovera Desola, 1994). Frente a esta posición es posible
afirmar que se trata de “desarrollar competencias que permitan leer de manera
autónoma, significativa y critica los distintos textos” (Sanmartí, 2011, p.2).
Esta concepción de lectura coincide con Bello, pues
termina por reafirmar que, el lector es visto como un participe protagónico del
proceso, dotado de un conjunto de habilidades en medio de un mundo informativo
y dinámico, revistiéndolo de un posicionamiento cargado de mayor
responsabilidad que lo obliga a realizar la activación de controles metacognitivos,
que le habiliten para desentrañar las intenciones y los propósitos, así como lo
que no se encuentra explícito en los textos (Smith, 1983; Goodman, 1996; Solé,
1996). De allí que, hablando del lector como un agente democrático, intenta
mostrar que su función se circunscribe a “la búsqueda de la máxima relevancia o
coherencia para poder identificar aquellos aspectos del escrito que permanecen
oscuros o para poder hacer hipótesis plausibles sobre su significación y sobre
los intereses que esconden” (Cassany, 2004, p.4).
A esta afirmación Bello haciendo referencia a la
necesidad de formar a un ciudadano
participativo como producto de la práctica académica de la lectura,
propone como condición elemental el desarrollo de un pensamiento más elaborado,
fecundo y fundado en lo crítico y lo reflexivo, que frente a la complejidad y al
carácter denso de su contexto y de los textos a los que se enfrenta y, a la
abundante y muchas veces confusa información, consiga el despliegue de
habilidades valorativas que junto a procesos cognitivos le permitan la
detección de aspectos válidos y certeros de la información que circula en su
entorno inmediato y no tan inmediato (Ocampo,2009). Frente a esta exigencia los
postulados de Bello, hacen referencia a que el autor en su visión adelantada
para la época previó el carácter complejo de los siglos venideros, situándolos como los más difíciles de comprender, por lo
que propuso que el verdadero ciudadano debía ser un lector eficiente que ameritaba
del manejo de “una serie de claves para moverse con propiedad en una sociedad
compleja, tales como la interpretación, la explicación y el intuir el futuro” (Álvarez,
1981, p.178).
En este mismo orden de planteamientos, es de hacer
notar que la propuesta de Bello a pesar de distar cronológicamente de las
actuales tendencias de la lectura académica, consigue claramente reflejar su
preocupación por el fortalecimiento de una serie de habilidades intelectuales
como las denominó en su discurso de inauguración de la Universidad Chilena, en
el que justamente hizo referencia a la responsabilidad que revestía el ser ciudadano,
aludiendo a ello lo siguiente “¡Jóvenes chilenos!, aprended a juzgar por
vosotros mismos; aspirad a la independencia del pensamiento. Bebed en las
fuentes: a lo menos en los raudales más cercanos a ellas" (Bello, 1948).
En esta apreciación, se logra avizorar el especial énfasis que le imprime Bello
a la ejercitación del pensamiento como una manera de desarrollar habilidades
para accionar en lo social, permitiéndole al ciudadano la trascendencia hacia la
interpretación y valoración del mundo por medio del dialogo critico
posibilitado por la indagación, condiciones fundamentales para actuar
coherentemente en un mundo de caos y de crisis (Jurado, 2008).
Convencidos de la importancia de estas nuevas
necesidades que implican un mayor compromiso por parte del lector, Bello
(1948), Argudin y Luna (1995) junto a Smith (1983), Goodman (1996), Solé (1996),
Ocampo (2009) coinciden en dejar por sentado algunos aspectos que cualquier
lector eficaz debe poseer, entre ellas el contar con habilidades que lo lleven
a procesos de reflexión desplegados sobre contenidos, realidades y especialmente sobre un mundo en crisis, es
decir, un ciudadano con la capacidad de seleccionar y evaluar la manera como se
puede ser manipulado, constituyéndose ello en un reto que en la actualidad debe
ser asumido para procesar cúmulos informativos que intenten generar reacciones
opuestas a lo realmente aceptable. Por esta razón y en atención a la razón
social que esconde la lectura eficiente, se hace alusión a la necesidad de
generar procesos que contribuyan con el ejercicio de estrategias y actitudes
que permitan el aprender para toda la vida como un continuo que favorezca el
desarrollo de habilidades de comunicación (Carlino,2003).
Para ello, se propone en función de las ideas de
los autores antes mencionados, una metodología constituida por una serie de
interrogantes que deben ser respondidas por un lector crítico y reflexivo
durante el proceso de lectura académica, ellas son: ¿Cuál es la fuente? ¿Es
veraz? ¿Está actualizada? ¿Cuál es el propósito y objetivo del autor? ¿Cómo
presenta el autor la información? (hechos, inferencias u opiniones) ¿Qué tono
utiliza el autor? ¿Qué lenguaje utiliza el autor? ¿Cuál es la hipótesis o tesis
que el autor propone? ¿Es coherente y sólida la argumentación del autor? ¿Cambió
mi opinión el texto? ¿Me hizo reflexionar?
En este esquema de acciones, se muestra que el
proceso de lectura académica como actividad formadora del nuevo ciudadano, es una
clara demostración de los requerimientos que debe consolidar y ejercitar el
lector, quien ya no debe centrar su atención solo y exclusivamente en conseguir
dilucidar lo que el texto le muestra, con sus contenidos implícitos y sus
intenciones oscuras, sino además, debe identificar desde aspectos personales
(motivaciones, intereses y propósitos) hasta el posicionamiento ideológico y la
apreciación de la realidad que el autor está exponiendo, con la finalidad de
buscar todos los elementos que puedan generar una interpretación y un análisis
fundado en la coherencia y en el pensamiento crítico. Al respecto, es posible
añadir sobre este proceso de lectura crítica que “es una disposición, una
inclinación de la persona a tratar de llegar al sentido profundo del texto, a
las ideas subyacentes, a los razonamientos y a la ideología implícita” (Serrano,
2008, p.5).
Frente a esta afirmación, la obra de Bello Modos de
leer la historia, en la plantea algunas sugerencias que el lector debe asumir
como ineludibles para consolidar procesos de comprensión critica de la
realidad. Para ello esgrime que, es necesario un acercamiento válido de todo
aquello que se esconde tras un postulado o un conjunto de ideas, para lo cual es
necesario conocer lo que se encuentra escondido, es decir, aquello que no se
percibe a simple vista, requiriéndose de un proceso inferencial que mediante el
manejo de los antecedentes y premisas, favoreciera la formación de juicios que
pongan en claro los hechos. De este modo, se puede decir que, la lectura
académica en Bello consigue un referente, pues el mismo la deja ver como una forma de acceder
al conocimiento, pues permite entre otras cosas el aprender nuevos datos con el
propósito de actuar responsablemente sobre ideas y nociones, dotando y
ejercitando al ciudadano para tomar decisiones coherentes y apropiadas que
vayan en pro de la sociedad (Sanmartí, 2011).
Al respecto, es posible decir que los aportes de
Bello a la formación de un lector audaz y comprometido con la vida patria,
debía estar enmarcado en “el desarrollo de un pensamiento crítico
interpretativo, que usara la investigación para comprender lo que se encontraba
tras lo aparentemente auténtico de las ideas propuestas por terceros” (Caldera,
1981, p.190). A ello se suma un planteamiento propuesto por el mismo Bello en
su obra modos de escribir la historia, en la cual expone entre otros aspectos,
la necesidad de que todo ciudadano adoptara un posicionamiento coherente y firme
como parte de su actuar social, que se enmarcara en hacer uso de la razón para
comprender los sucesos, trazar lineamientos generales (premisas) y considerar
los antecedentes (hechos y experiencias pasadas) como una manera de combatir
teorías y supuestos, así como ideas desfiguradas intencionalmente, es decir, interpretando
a Bello, formar ciudadanos aptos para la convivencia republicana (Subero, 1968;
Zambrano, 1981).
Todo ello implica entre otras cosas, que las
apreciaciones de Bello avizoraban que en los siglos subsiguientes los procesos
educativos y la lectura como parte de ellos, venían cargados de diversas
demandas y, por ende, para afrontar los embates de estos cambios, se debían
elaborar nuevas maneras de acercase a los textos y a un mundo complejo, en que
las circunstancias iban a requerir del asumir con responsabilidad y sentido
crítico como aspectos fundamentales que, consolidados por la formación que se
impartía en los escenarios educativos, permitieran a este nuevo ciudadano
enfrentar un mundo signado por el cambio y la incomprensión. De esta manera y
haciendo referencia a esos factores que generan cambio propone que este
ciudadano debe estar en la capacidad de “leer otro tipo de textos, con
objetivos también más ambiciosos, en contextos nuevos, que nunca antes habían
existido” (Cassany, 2004, p.2).
En apoyo a esta postura se hace énfasis en la
necesidad de prestar especial atención a la avasalladora realidad que se nos
presenta, aspecto ya previsto en el pensamiento de Bello, quien vio en un
adelanto al futuro que, una manera de hacer frente a los embates generados por
la multiplicidad de información con propósitos diversos, requería del repensar
la lectura, dejando ya de verla de forma infravalorada y hasta subestimada,
para posicionarla bajo la connotación de un proceso complejo, que debía
enfocarse en la preparación de un ciudadano capacitado para realizar prácticas
de lectura en las que se accionaran y se le diera cabida a las bondades propias
del pensamiento crítico y reflexivo, que propiciasen la conciencia para
“considerar la lectura académica como una técnica que favorezca el descubrir
ideas e información dentro de un texto escrito” (Kurland, 2003, p.23). Como
complemento a lo ya expuesto, es posible afirmar que leer académicamente
implica la puesta en funcionamiento de “destrezas cognitivas que permitan
destacar las intencionalidades del autor, extraer el contenido que aporta un
texto y verificar si es correcto o no” (Cassany, 2006, p.82).
De lo anterior se desprende que, la propuesta de
Bello se refería justamente a la necesitada de estructurar un modelo de
educación integral que cambiara al ciudadano de su época y por ende lo preparara
para actuar con un mayor sentido de pertenencia social, dejando entrever que la
formación debía estar integrada por la confluencia de aspectos entre los que
destaca el pensamiento minucioso en el que se profundizara en la búsqueda
acuciosa de relaciones causales, aspecto que solo se lograba consolidar siempre
y cuando lectura tuviera como propósito ahondar sobre el conocimiento mediante
el uso de habilidades cognitivas que le permitirán según Ocampo (2009) haciendo
a alusión a Bello, el propiciar como fin último “que piensen y busquen
soluciones a sus propias realidades; que investiguen sus problemas y formulen
las posibles soluciones; un hombre hispanoamericano que busque la creación de
modelos propios adaptables a la solución de los problemas hispanoamericanos
(p.10).
Esta concepción de la lectura vista desde Bello
hasta las apreciaciones actuales, pueden asumirse como una práctica que si bien
es cierto, ha sido calificada como un proceso desarrollado en espacios
convencionales, luego, con la aparición de las nuevas demandas emergidas desde
el complejo social, sufrió modificaciones que la reposicionaron como una alternativa
en la que depositó la posibilidad de generar mayor conciencia y sensibilidad
critica como condiciones fundaméntales para propiciar la participación efectiva
del individuo en sociedad. De allí, que se afirme que el carácter omnipresente
de las exigencias sociales, laborales y académicas, que han albergado en la
lectura académica bajo este innovador enfoque, las más elevadas posibilidades
para revestir al ciudadano de todo los tiempos, de las potencialidades que le
permitan enfrentarse efectivamente a los grandes manipulaciones informativas,
en los que el común denominador es la ausencia de rigurosidad, veracidad y
confiablidad, aspectos a los que debe enfrentarse con todo el arsenal cognitivo
para dilucidar entre lo útil y lo inútil, lo falso y lo verdadero.
Al respecto conviene decir que, Bello consigue
acertadamente con su propuesta de lectura, llevar al ciudadano a hacer uso de
un método denominado ad probandum, al cual le atribuyó como función el conseguir
desentrañar a través de la investigación, el intimo espíritu de los hechos, de
las ideas propuestas en escritos y ensayos, que debían ser valoradas por el
lector de manera global, es decir, estimando el texto como un todo del cual se
deducían apreciaciones generales que le permitieran la comprensión de hechos y
fenómenos mediante el encadenamiento de causas y efectos como de su esencia,
apreciando fundamentalmente el espíritu y tendencias de lo expuesto. A ello
agrega el autor interpretando la finalidad de este método diseñado por Bello,
que la lectura como una actividad intelectual tiene como finalidad el llevar al
ciudadano a desarrollar premisas para luego elaborar argumentos convincentes que
mediante el uso de la razón pudieran responder coherentemente al emitirse ideas
imprimátur cuyo valor consiguiera posicionarse como verdades con aprobación
universal (Bello, 1948).
De esta manera, en Bello la participación de este
nuevo ciudadano dentro de los diversos escenarios sociales, estaba determinado
por la posibilidad de atender responsablemente y de manera autónoma los retos
de un entorno, que ya para su época se veían caracterizados por lo dinámico y
cambiante, en el que el énfasis en la postura de Bello sobre el ciudadano de su
tiempo, corresponde a “un verdadero creador e investigador que se acostumbre a
luchar con las dificultades; que reconociera los hechos y las dificultades,
pero también, que comprendiera y buscara soluciones inmediatas y mediatas” (Ocampo,
2009, p.11). En una apreciación más reciente, se logra ver este principio con
adaptaciones y se hace referencia a la necesidad de integrarse a la comprensión
de una nueva cultura lectora, que va más allá del abordaje de contenidos académicos
de manera superflua, sino en la posibilidad de convertir la misma en “una
condición para el ejercicio de la ciudadanía y la consolidación de un
pensamiento democrático, en que las posturas, las apreciaciones y los
posicionamientos reflexivos y críticos tienen amplia aceptación en la
construcción de formas avanzadas de pensamiento” (Pérez, 2004; Serrano, 2007).
REFLEXIONES FINALES
Luego de los intentos por romper con la conceptualización de la lectura académica
como una actividad carente de sentido, propósito y centrada en la mera
descodificación, se ha pasado a concebir tan importante proceso, como la
unificación y confluencia de procesos y subprocesos cognitivos, afectivos, emotivos
y motivacionales, que unidos al conocimiento de lo social y cultural
(Bello,1948; Cassany, 2006) vienen a propiciar la aparición de un lector
enfrentado a una realidad dinámica que le exige desplegar competencias
específicas que le permitan desarrollar un pensamiento más elaborado que dé
paso a la reflexión, a lo critico y a lo
analítico, como respuestas coherentes hacerse parte de una cultura académica y,
a su vez participar responsablemente en los nuevos espacios creados para el
desarrollo de la ciudadanía (Álvarez, 1981).
En razón de ello, la propuesta de Bello es asumida como una de las
visiones más avanzada sobre el leer académicamente, pues se integran
constructos como la interpretaciones, el análisis y el pensamiento crítico como
actividades cognitivas que le otorgaban significado y, por ende transformación
de los esquemas de conocimiento que
poseía el mundo y su realidad. En un giro progresivo para el momento, la obra
de Andrés Bello consigue posicionar al lector, su realidad y al texto en una
relación científica sobre la cual se cimentaban ideas libertarias que
justamente nacían de un pensamiento reflexivo, cuyo propósito no era otro que
el preparar al ciudadano para cuestionar, identificar razones, así como
posicionamientos que muchas veces los textos ocultan en la información que
exponen (Carlino, 2003).
En función de esta nueva dinámica que propone la lectura vista desde
Bello y los aportes surgidos en la actualidad, se plantean las siguientes
apreciaciones:
1.
La lectura la concepción de Bello, viene a generar
todo un avance en la configuración de nuevas prácticas para su época que al igual que en la actualidad
tuvieron como cometidos el posicionar al lector como un sujeto que no se acerca
a los textos sin poner en marcha todas sus experiencias y conocimientos
previos, sino por el contrario se funda en su bagaje histórico para procesar,
refutar, verificar y evaluar la calidad de la nueva información que se le
presenta, en un compromiso que le permite generar la construcción de sólidas
apreciaciones que le posibiliten el responder eficaz y coherentemente a la
transformación de sus esquemas y por ende a participar responsablemente de una
nueva cultura y del mundo de lo social.
2.
El lector es responsable de fijar la atención sobre
aquellos aspectos que mayor interés, pues en función de ello puede desarrollar
competencias reflexivas y de pensamiento crítico que le permitan la lectura los
diversos discursos sociales, de lo que sucede en su mundo y de lo que otros
dicen del mismo y, por ende ejercitarse para desentrañar mediante el
reconocimiento de aspectos como el propósito del autor leído, las ideologías
implícitas, las referencias culturales y sociales, así como la identificación
de las cualidades propias del género, entre otros aspectos que le permitirán la
elaboración de un mayor sentido y significado, sin dejar a un lado la
apropiación de razonamientos establecidos por cada disciplina como parte de sus
propias convenciones (Carlino, 2002).
3.
Los aportes de la obra de Andrés Bello a la
actividad pedagógica en materia de lectura académica, son innumerables, pues
para el momento hablaba de la necesidad de aplicar estrategias de lectura que
despertaran el espíritu crítico y científico. Todo ello llevado al plano
actual, implica la puesta en funcionamiento de la capacidad para seleccionar
información, la elaboración predicciones, inferencias e hipótesis, utilizando
para su verificación el uso de experiencias y conocimientos propiciados por la
carga cultural y social que el lector como sujeto autónomo y analítico utiliza
para hacer efectivo el proceso. Todo ello es preciso para mencionar que parte
de las bondades del modelo son: el fortalecimiento de un pensamiento más
elaborado, con esquemas bien estructurados, que coadyuvan a fomentar el sentido
crítico en el que el lector se convierte en un evaluador de la información que
le vienen a sus manos; por otro lado, favorece prácticas como la elaboración de
argumentos, cuestionarse sobre posturas y opiniones, obteniendo como resultado
la construcción y participación en una nueva cultura.
Finalmente se puede esgrimir que, uno de los medios
más eficaces para acceder al conocimiento y para comprender los cambios y las
transformaciones que presenta el siglo XXI, corresponde indiscutiblemente a la
lectura académica como actividad a la que se le atribuye función formadora de
ciudadanos modernos, pues la misma viene a exigir al nuevo lector la puesta en
marcha de prácticas y competencias para conseguir objetivos de diversa índole,
cuestión que en Bello se centraba en la independencia de pensamiento y como
consecuencia de ello, mejorar el actuar del ciudadano, asegurando con ello el
poder llegar a lo más profundo de cada uno de los argumentos, razonamientos e
ideologías propuestas que posee un texto y, que visto desde la óptica educativa
no se pueden consolidar de manera efectiva sino es a través de la intervención
de actividades de guía y orientación, que contribuyan con la formación como un
proceso permanente que busca los cometidos de la alfabetización académica.
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